Historia de un diseño

Mikel era de secano. Pero pasaba todos los días por delante de la piscina del pueblo aunque esta sólo abriese de junio a septiembre. Sólo para saber si seguía allí. Y cogía olas imaginarias en la bañera de casa hasta que su madre le quitaba el tapón, por miedo a que su hijo sufriese una hipotermia. Siempre le gustó el agua. Era el rey de la piscina del pueblo. Estaba en su medio.

Pero fueron aquellos videos, que vió en Youtube con su padre, los que le marcaron definitivamente. Unos en concreto. Los de Mundaka. Soñaba con hacer surf en Mundaka. Y lo haría. Algún día…

El destino quiso que su abuela materna, que era de San Sebastián, le pagara un curso de surf un puente que fueron a visitarla. Cumplió un sueño. Ser surfista. Lo sería para toda la vida. Faltaba el siguiente sueño. El grande. Su vida…

Lo preparó como hacía las cosas. Con mimo. Con la meticulosidad de un adulto. En realidad era mayor. Tenía muchas responsabilidades en el terreno de su padre, con solo 15 años. Pero su ilusión y su determinación eran las propias de un niño en Navidad. No había quien le parara. Gracias al iPad de su padre, y aprovechando sus siestas de los sábados, estudió las combinaciones de trenes. El alquiler del material. Las mareas. Y repasó blogs de surfistas. Y videos. Y videos. Y mas videos. Creía que lo sabía todo.

Ese día no durmió. Estaba despierto. Vestido. Sentado en la cama. Con la bolsa. Esperando a que saliese el sol. Precioso amanecer. En Mundaka haría un día espectacular, pensó. En cuanto salío el primer rayo dejó la nota a sus padres en la mesita del salón y salió pitando. Llegó con tiempo a la estación y acabó de ver el amanecer sentado en el único banco que había. Feliz. No había nadie en el mundo más feliz que él. Era imposible.

Tras 4 horas de viaje llegó a Mundaka. Recogió el material y se dirigió al puerto. Parecía que había estado antes. En realidad había estado. Muchas veces. Soñaba mucho. Se preparó y saltó al agua.

Corrientes, pico, salidas, mareas, todo controlado. Todo preparado. Faltaba verlas llegar. Y llegarían.

Serie. Se preveía metro y medio. Dos metros máximo. Pero estas tenían 10. Al menos desde donde Mikel empezaba a girar para remar. O 15. Remó. Y remó. Y la ola marchó. El corazón a 300. La ola se le fue. Se colocó mejor en la barra y esperó otra oportunidad. La segunda miraría la pared, no la altura. Daba mucho miedo. Y en la segunda no falló. También tenia 10 metros, por lo menos. Pero era suya. Sólo suya. Remó. Y remó. Deslizó y cuando se puso de pie, la ola ya no estaba. Sabía que había tardado demasiado en levantarse. La ola desapareció bajo sus pies. Y algo tiró de él hacia abajo como si fuese el agua de su bañera al quitar el tapón. Se preparó en la caída. Cogió tanto aire que le dolía el pecho. Y rodó y rodó. Y mantuvo la calma buscando orientarse hasta que dejó de sentir la tabla tirando de su pie. No. Se rompió el invento. Perdió la tabla. Ahora sí que tenía un problema. Nadar con estas olas y esta corriente era muy complicado. Lo sabía. Empezó a ponerse nervioso. Sin algo que flotara se cansaría rápido. Tenía un problema serio. Muy serio.

Dejó de rodar bajo el agua y salió a la superficie. Buscó la tabla. Nada. Estaba claro que marchó con la ola. Lejos. Muy lejos para buscarla con estas corrientes. Tenía un ratito de descanso hasta la siguiente ola. Pero se dió cuenta que no tardaría mucho en llegar. Y esta era de 20 metros por lo menos. Nunca olvidaría la imagen de aquella ola aproximándose. Intentó imaginar que estaba en la piscina. Pero no estaba, no. Sintió miedo. Mucho miedo. Respirando. Prerándose para bucear. Mucho. Su récord eran 1:52 minutos…

Algo tocó su espalda. Se giró asustado. Su tabla. No se lo podía creer. Y en perfecto estado. Y…eh. Unos bigotes. De una… foca? Sí. Una foca. Parecía que se conociesen. La ola llegaba. Montó en la tabla. Y nadó, nadó y nadó. Y remontó. Libró. Giró la cabeza. Y ya no la vió…

Mikel salió del agua, se secó y se sentó en un banco de la Atalaya. Y la buscó. No la encontró. Pero sabía que estaba ahí. Pensó que algún día la volvería a ver. Seguro. No sería porque el faltara a la cita…

De camino a casa repasó el día. Pensó. Y aprendió.

Se preparó. Y volvió…Ver más

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